01 febrero, 2012

A mí me gustan los gatitos en el cuadro y no las raíces en el edificio.

Y de repente empezaron las publicaciones de lo que sucedía en Tlatelolco y Centro Histórico. Diferentes medios hablaban de un solo tema en particular, las "Raíces" de Rivelino. El autor me despierta cierta curiosidad por la historia que tiene en la galería donde laboro, lo cuál me hizo revisar su página y encontrar la definición del nuevo concepto que revolucionaba el arte en el DF. 
He de confesar que los videos y la idea planteada me despertaron curiosidad y admiración, es una idea bastante original. Pero ahí dejé el tema, no me involucré demasiado porque no vivo de eso, bueno sí, pero no está dentro de mis intereses principales. 

Desde su inauguración hasta el día de hoy, dentro del círculo se habla de eso. Yo no las he visto, pero digamos que en las fotos no luce nada bien. La idea que yo consideraba genial era un gusano amorfo de color crema de elote bastante horrible. Supongo que con justa razón los mejores críticos de arte lo acabaron con sus bonitos comentarios. 

Y envuelta en el tema me surgió la pregunta, ¿qué diferencia hay entre eso y una instalación de focos en una Galería de la Condesa o una gorda de Botero?

Toda esta introducción se encamina hacía los diferentes puntos de vista y sobre todo, la percepción que cada persona tiene del arte. ¿Cuáles son los fundamentos? Tal vez se necesita estudiar para saber apreciar la materia, yo como publicista me enfoco en cosas mejores diseñadas y al menos para mí, una escultura de una gorda no es arte, sin embargo para muchos el surrealismo es una sarta de ideas drogadas plasmadas en una tela o hechas escultura.

¿Es cuestión de gustos? Tal vez, a mi me gusta el morado y a otros no. Así debe haber alguien a quien le guste los gordos y a mí no. Por eso la existencia de diferentes corrientes y estilos, figurativo, hiperrealismo, abstracto, impresionismo, etc. Cada persona es distinta, con pensamientos y visiones muy variadas que en momentos coinciden y forman grupos. Así que basada en esta idea, porqué no pensar que hay una persona a la que le gustaron las Raíces invadiendo edificios.

¿Han recorrido el famoso corredor Roma-Condesa? Invadido de nuevas galerías, tiendas y demás negocios con una sola idea, arte joven. La playera con la cara del Santo, la pintura con salpicaduras de óleo y otras sustancias desconocidas, la foto del vocalista de alguna banda indie, el muñequito de felpa con un ojo más grande que el otro, la lámpara de botellas de cerveza indio e infinidad de mercancía (conocida como arte-objeto) que se convierte en moda, así como en su tiempo seguro un cuadro cubista de Picasso era la novedad, ahora es un cuadro colorido con corazones y gatitos de Romero Britto o una camiseta pintada a mano de un hippie chic.

Esas pequeñas galerías se están comiendo el mercado, solo los viejos buscan alguna pintura de un pintor reconocido y sobre todo, muerto. Pero el tipo, al que le compré este cuadro en acrílico lleno de rayones, morirá y yo, yo tendré en mis manos una valiosa obra de arte. Pero eso es el futuro, lo actual es vestirme elegantemente para asistir a un evento de arte en la zona de Lomas-Polanco para beber una copa de vino, o puedo ir de converse y camisa de cuadros a una inauguración en la Roma-Condesa mientras The Smiths se escucha al fondo.

04 enero, 2012

Welcome to Mexico, vato!

Y empezamos el último año de nuestras vidas, según los paranoicos y psicópatas, pero lo empezamos como cualquier otro año. Ya van 12 años de estos "dosmiles" y hace 12 años pensábamos lo mismo que este y seguimos viviendo, más viejos, más adictos, más idiotas.
Seguro ya todos tienen sus listas de propósitos que nunca cumplirán, pidieron sus deseos que nunca se les cumplirán y tienen todo esa buena vibra que caracteriza a las personas (úrgeme verlos para fin de año).

Entre que todos se deseaban feliz año y demás cosas, me llamó la atención cierta noticia que los indignaba, seguro que todos saben del ruquito que murió en un banco y nadie hizo nada, la verdad, no sé que les sorprende, vivimos en un país donde se pierden los niños y los encontramos unos días después muertos debajo del colchón.

Pero ahí estaban, comparando con algún hecho que pasó en China. No es que me guste enterarme de todos sus desmadres activistas, pero me imagino que se referían al de la niña atropellada. El punto es que en toda red que visitaba estaba alguien con su martirizado corazón denunciando el hecho. Es cuando me los imagino en ese momento ¿qué harían?.  La verdad yo no iba a perder mi turno en la fila del banco por ayudar al señor. Hay que vivir en esta ciudad para comprender la prisa con la que se vive, hay que ignorar cualquier hecho que nos llame la atención porque podríamos morir en el intento, hay que suprimir sentimientos, yo a todo esto le llamo sobrevivir en la gran urbe.

Y a pesar de todo, puedo afirmar que los mexicanos somos de las personas más atentas y amables que hay, en diferentes grados por supuesto. Los hay "corazón de pollo" y los "solo ayudo cuando me conviene", pero ahí estamos en algún momento de la vida, dando nuestra mejor cara y nuestro mejor billete. Tal vez el ruquito no corrió con suerte, o simplemente ya tenía que colgar los tenis y se acabó.
Me pregunto, alguien pensaría que era un truco de distracción para realizar alguna actividad ilícita. Seguro que todos lo pensaron.
El punto es tener algo de que hablar, ya sea un muerto, un político que no lee o Justin Bieber y su raza de zombies.
¡Welcome to Mexico, vato!


06 diciembre, 2011

Sueño Perfecto.

Tan solo debía pasar por un par de películas, sin embargo entrar en esa tienda es estar más de una hora recorriendo todo. Es un tanto idiota ya que sé todo lo que hay, he visto las mismas caratulas una y otra vez pero seguramente en cada nueva visita, una de ellas vendrá a casa.
Recuerdo que buscaba algunos títulos de terror para el acostumbrado maratón de flojera en casa de alguien, no entendía por qué siempre era yo quien las buscaba si siempre compraba las peores películas del mundo, aún así, yo seguía siendo la encargada de tan peligrosa misión.

Llevaba un par de títulos, no recuerdo exacto las palabras pero los coreanos ensangrentados de la portada me anunciaban el churro del año. Entre mi recorrido, siempre me detengo un rato en el área de cine de arte, estaba en mi búsqueda inútil de Un perro andaluz cuando agarré El Ángel Exterminador.
- Esa es una película genial, Buñuel puede revolver tus ideas y volverte un poco loco- dijo a mi lado una voz.
Antes de voltear solo contesté que los surrealistas usualmente hacían eso.

Miré el suelo, las botas negras me daban buena impresión, conforme fui alzando la mirada pude observar los tatuajes que cubrían sus brazos, esto seguramente era una pinche jugada del destino. Finalmente miré su rostro, sus ojos muy oscuros pero de color verde me observaban, como siempre esquivé la mirada.
Pregunté si era fan de Buñuel, dijo que era un cineasta muy bueno pero muy complicado, que prefería a David Lynch. Ahí supe que no todo era perfecto, además que estaba un poco confundido de su definición de complicado.

No solo lo pensé, lo dije como suele ser mi costumbre, el solo sonrío. Esperaba que se fuera, ignorándome,  pero seguía parado a mi lado, observé lo que sostenía en sus manos y no pude evitar reír. Al darse cuenta, se sonrojó un poco y comentó que buscaba un regalo para su sobrina.
- Ya me parecía que no tenías el tipo de ser fan de Crepúsculo- dije mientras caminaba por los pasillos. El me seguía.

Recorrimos todos los pasillos, criticamos y platicamos por más de una hora. Recordé que tenía que irme debido al maratón inútil de películas de terror. Le comenté que tenía prisa, que había sido un gusto conocerlo. Yo seguía idiotizada con su cabello largo debajo de una gorra vieja y sobre todo de la piel pintada, cuando me dio un papel con su teléfono.
Me sonrió y nos despedimos en la entrada. De repente, mientras caminaba hacía la calle me gritó para preguntarme mi nombre, le dije y el me dijo...

Alarma sonando, las malditas 7 de la mañana. Aún babeaba en la almohada cuando levanté mi antifaz y descubrí la triste realidad. Los sueños no deberían ser recordados, sin embargo, esa cara la había visto en algún lado. Pero había despertado con unas ganas enormes de comprar un par de películas de Buñuel.


18 noviembre, 2011

Hay días malos.

Filosofías baratas que uno aprende en programas novelescos de televisión, ni Shakespeare enseña tanto en sus fabulosos libros, ok, tal vez esté exagerando pero hay cosas muy creíbles, más que enamorarte perdidamente a los 13 años y suicidarte con el amor de tu vida, ¿verdad Julieta?

Domingo, había quedado de desayunar con alguien (sí, tu Gezeta ¬¬), desperté y eran las 10:25 am, prendí de inmediato el celular y ahí estaba el mensaje, de dónde y a qué hora nos veíamos. Respondí pero fue todo, no volví a saber de él, corrían los rumores que su "peda" lo había dejado en algún lugar desconocido.
El punto no es mi fallida salida a desayunar, sino que mi refrí estaba vacío y que tuve que hacer magia para comer algo mientras veía Grey's Anatomy.

Entre mordida al sángüich y beber de mi café, escuchaba la voz de Meredith narrando el episodio. La gente por cualquier cosa se hace creer que ha tenido un día terrible, el tráfico, el trabajo, la pareja, cualquier detalle es justificable para decir que el día fue un asco. Pero conforme pasaba el episodio, hay cosas realmente terribles, al menos a mi no se me ha muerto el marido, no me quitaron un hijo, no choqué, no me destrozó un perro la cara, etc.

Sin embargo, hay que ser dramático en la vida diaria. Demasiado optimismo también es un poco fastidioso y le quita ese lado negro a las cosas que da un equilibrio en nuestra vida. Y como toda mujer, me gusta ser dramática de vez en cuando. Así fue dos días después de ver ese episodio, uno nunca despierta y sabe que el día será un mal día.
Salir 5 minutos tarde hace una gran diferencia, el que las amigas no tengan nada que hacer en el trabajo y se la pasen escribiendo justo cuando yo me tengo que apurar y salir corriendo hace la diferencia y ni que decir de que se vaya la luz en el trabajo cuando tienes evento, por supuesto que hace la pinche diferencia.

A todo esto se le puede sumar una dosis de hormonas malignas que hacen ver todo un 50% peor y te ponga realmente de malas.
10:00 am, el día iba a ser un asco.

Era tarde, el celular no dejaba de vibrar y los autos no avanzaban, pensaba en la infinidad de trabajo que me esperaba, había tenido 3 semanas o tal vez menos para organizar y difundir dos malditas exposiciones, podría asegurar que no asistiría nadie. Entre pensar eso y ver por la ventana el mismo museo que me aseguraba que no estaba avanzando, me enojaba más y más. Cómo era posible que en un tramo donde usualmente me hago 10 minutos llevara 30 minutos parada en el mismo pinche lugar. Eso solo pasa en el DF.

Justo, cuando estaba a punto de explotar y solo pedía algo que me hiciera sentir bien, un pequeño placer para mejorar la mañana y relajar mi humor, algo pasó. Vi a alguien, especial por así decirlo, que por 2 segundos me hizo sonreír, supuse que después de todo el día no estaba tan mal. Claro, que después de vivir las 13 horas siguientes concluí que si, era un día del asco.

Entre trabajo atrasado, falta de luz y una exposición aburrida, me preguntaba qué podía ser peor. Salí a las 10:15 pm y esperaba en la parada el transporte que me llevaría a casa. 10, 20, 30 minutos pasaron y seguía ahí, la zona estaba muerta, ni un taxi pasaba y los de sitio, bueno, es Polanco. El frío me congelaba los pies, moría de hambre y comenzaba a dejar de sentir los dedos. Definitivo, este había sido un mal día.

Mientras llegué a casa y corrí a cubrirme de calcetas y pijamas para quitarme el frío, comí un tamal verde y bebía café. Me acordé del episodio, había sido un mal día pero no murió nadie, no me arrancaron la cara y mucho menos choqué. Después de todo, no había estado tan malo.


29 octubre, 2011

Pesadilla en la cama 8.

La oscuridad invadía completamente mis ojos, no recordaba como había llegado a ese lugar, ni siquiera reconocía lo que me rodeaba, si es que podía ver algo.
Caminaba sin sentido, podía asegurar que alguien me observaba con atención, vigilando cada uno de mis movimientos. Era un bosque, de eso podía estar segura. El olor de la hierba húmeda y el roce de mis manos con la vegetación me lo confirmaban.
Miré al cielo y las estrellas brillaban en el negro manto, los árboles eran muy altos ya que no alcanzaba a ver la luna, era una luna brillante porque se colaban entre las ramas los destellos de su luz.
Me detuve a escuchar, no había viento, no había sonido.

Comencé a sentir un poco de pánico, estaba sola, perdida y era de noche. Seguí caminando hasta notar una luz entre la maleza, mi suspiro de alivio fue lo único que pude escuchar. Por un momento pensé que había quedado sorda.

Caminé deprisa, por un momento tuve la sensación de que algo me perseguía, pero al salir del bosque voltee y no vi nada, solo estaba yo. Frente a mi estaba una casa vieja y enorme; a primera vista podía notar que no habitaba nadie ahí. Me acerque a la puerta y estaba abierta, en ese momento escuché mi voz recordándome la clásica escena de película de terror, esa donde gritas "no entres" y la mujer entra y la matan. Ahí estaba yo, enfrente de la puesta de una casa que gritaba 'asesino en serie' por donde la viera.

No sé dónde diablos estaba, ni cómo había llegado a ese lugar, lo de menos era que tenía unos minutos de vida y un asesino serial terminaría con ella. Entré, caminé hacia un salón a mi lado derecho, al parecer era una estancia con una chimenea al fondo. Las paredes eran de tabique rojo, que por el abandono y la suciedad tenían un color grisáceo. Recorrí lentamente el lugar, había un par de muebles y era todo, ni un cuadro, una lámpara, nada.

Seguía teniendo la sensación de no estar sola, cuando de repente escuché un ruido en una esquina y el brillo de lo que parecían un par de ojos. Un frío recorrió mi cuerpo y me quedé paralizada, con las manos trataba de buscar algo para defenderme, nunca pensé que fuera una persona, lo primero que me imaginé fue un animal.
Saltó enfrente de mí, una mujer desconocida con sangre recorriendo su rostro y manchando su ropa, sollozaba y me agarró por los brazos.
- !Huye, él está aquí¡ -dijo con desesperación y salió corriendo hacia la salida.
Yo estaba aturdida por la sorpresa, no entendía qué pasaba. Escuché un fuerte golpe y pude ver por una ventana como salía volando el cuerpo de la mujer y se estrellaba con un árbol, casi pude escuchar como se rompían sus huesos debido al impacto. Quise moverme pero no podía, no era miedo, era que realmente no podía moverme, algo me aferraba al suelo.

Como de la nada algo me aventó a la pared y me sostenía por el cuello a ella, no podía ver nada. Grité con todas mis fuerzas pero ni un sonido escuché. Sentía la presión sobre mi cuello, sabía que esa noche iba a morir.
De repente escuché una voz enfrente de mí, era la voz más horrible que jamás haya escuchado. Sentí miedo finalmente, no entendía lo que me decía pero me causaba un terror inmenso. Su voz se me grababa en el cerebro, si sobrevivía no la olvidaría jamás. Sin embargo, no entendía que decía.
Comencé a sentir golpes en mi cuerpo, presión en mi pecho y mi cuerpo azotado contra la pared, trataba de defenderme pero era inútil. Me estaba destrozando una fuerza invisible...

... Sudor recorría mi cuerpo, sudor frío. Recorrí con la vista y estaba en mi habitación, apretaba con las manos las sábanas y aún sentía mi corazón acelerado. Puedo jurar que hace unos segundos estaba gritando con todas mis fuerzas, la garganta me dolía.
Prendí una lámpara y eran las 3:03 a.m. Tomé agua como desesperada, sabía que era un sueño, una pesadilla, pero entonces ¿por qué seguía sintiendo ese dolor en el pecho y escuchaba esa voz?



28 septiembre, 2011

El diablo vestido de rojo y no es Prada.

Lo único que hice fue aventarle la mochila y darme la vuelta. Sentía la cara ardiendo, como si hubiera estado al sol por horas, sin embargo la neblina y la lluvia no me dejaban ver a donde iba. Lo escuché gritarme y fue todo.
Llevar 2 semanas juntos, después de ser muy buenos amigos y disfrutar cada momento juntos no te preparan para lo que puede pasar en la cuarta semana. Ahí estaba, con el humor en montaña rusa, el diablo oprimiendo y sacando lo peor de mi. 

Realmente todos saben como funciona, unos días antes comienza con una sobre dosis de hormonas malignas que distorsionan la realidad. Es problema fisiológico del cuerpo, el cuerpo femenino. Para otros, es el mismísimo Satanás en persona. 

Puedes amanecer con una sonrisa, levantarte, caminar al baño y deprimirte de lo que veas en el espejo. Meterte a bañar y de repente sentir esa sensación de éxtasis que recorre el cuerpo al ritmo de la caída del agua. Te vistes y te enojas con el pantalón que no cierra cuando apenas hace una semana lo hacía perfectamente.
Agarras tus cosas y sales asustada por que es tarde y mientas madres al camión que no quiso detenerse. Le sonríes al taxista que te lleva al trabajo y sientes ganas de llorar cuando te sientas en tu escritorio al ver los pendientes acumulados.
Te das cuenta y apenas han pasado 3 horas desde que despertaste. Te faltan otras 21 horas para terminar el día y tal vez 120 más para acabar con la pesadilla.

Es una auténtica película de terror, donde la protagonista es una esquizofrénica en busca de una salida. Los personajes secundarios, no comprenden lo que sucede en el mundo de la estrella estelar que muchas veces se convierte en la antagonista. Una sonrisa enorme oculta un horror que puede despertar con una simple palabra, una acción en el momento menos adecuado, una mirada inoportuna. Una explosión sucede y el clímax de este film finalmente se presenta. 
A continuación, los gritos y reclamos invaden la pantalla. Un sudor frío recorre tu cuerpo, una fiebre enfurecida recorre su cuerpo. No sabes que sucede, no entiendes lo que dice y solo esperas tu muerte. 
El llanto comienza cuando tú sentías los últimos segundos de vida, abres los ojos y encuentras frente a ti una criatura indefensa en un estado crítico. Tú eres el culpable, tú eres el villano, tú la estás matando.
Te arriesgas a un encuentro cercano, la tocas con miedo y ella comienza a reír histérica. Definitivamente, ella está loca.

Una dosis de pirilamina es el arma que combate al monstruo, una dosis de ibuprofeno con cafeina lo adormece, un helado lo hace feliz y un beso lo derrotará. Todo esto hasta que pase el efecto, hasta que llegue la noche y duerma la bestia. 8 horas después, el terror regresará y es una historia que nunca finaliza.
No traten de entenderlo, de soportarlo, de derrotarlo, es horror puro que nunca termina.

08 septiembre, 2011

Flowers Galliano

Eran las 16:30 horas y me encontraba sentada en una horrenda banca de la Terminal del Norte, faltaban 30 minutos para que saliera el camión. Trataba de limpiar con el dedo una mancha de mi pantalón negro de vestir, seguramente al salir de la oficina me había manchado con algo;  o en casa, cuando pasé por ropa para el viaje express.
Revisaba el celular en busca de algún mensaje, pero no cambiaba nada, solo bajaba y subía el medidor de señal. Vi mi mano derecha y sostenía una donita espolvoreada de azúcar glas, supe de qué era la mancha que rompía con el equilibrio de mi atuendo negro. Los minutos, tal vez los 30 minutos más lentos que me esperaban, no avanzaban.
Me levanté y caminé hacia el puesto de revistas más cercano, me paré frente a el sin enfocar la vista en algo que llamara mi atención. Sin pensarlo, agarré una revista y la pagué. Regresé a mi asiento y empecé a hojearla.
Era la Glamour de Julio, 2011. Recuerdo que en la portada salía la rubia de Gossip Girl, me gusta esa serie, tal vez por esa razón inconscientemente escogí esa publicación. Me sumergí en accesorios, ropa, zapatos y maquillaje. Olvide mi entorno y solo enfoque en apreciar las fabulosas fotos.
Recordé en donde me encontraba y miré el gran reloj donde me indicaba 16:55. Agarré mi maleta y corrí hacia el autobús.

Son esos momentos en que la moda y la atracción hacía los detalles femeninos ayudan a olvidar todo, lo bueno y lo malo, en especial lo último. En ese momento pasaba por el peor momento de mi vida, una revista hizo que por 20 minutos olvidara todo.

Desde pequeña me he visto atraída por todo ese mundo, incluso alguna vez pensé estudiar diseño de modas pero resultaba muy caro. Era perfecta, me encantaba crear nuevos modelos para la única muñeca que siempre me gustó, una aberración espantosa que aún conservo. Recuerdo a mi abuela regalándome pedazos de telas para que dibujara y recortara, lo único que nunca pude hacer fue unir las piezas, para eso estaba ella. Podría ser una gran diseñadora, hacía cosas muy bonitas y me vestía horrible, como Galliano.

En ese sentido, a la hora de vestir siempre fui un desastre. El hecho de ser extremadamente delgada no ayudaba mucho, sobre todo en autoestima y por eso usaba playeras enormes. Nunca le puse mucho empeño a mi forma de vestir, si era fea para que hacer el ridículo en tratar de verme bien. Todo cambió hasta que cumplí 16 años, esa edad es crucial en la vida, descubres cosas nuevas, revistas nuevas, todo nuevo. De cierta forma, los múltiples consejos -y bastante pendejos- que leía en la revista eran por algo, si los ponía en práctica ayudarían, ¿a qué?, a lo que sea.
Fue así como me vestí de formas bastantes ridículas, los noventas fueron mi momento, el grunge, las Spice girls y Fey estaban en mi armario. Bastante horrenda la combinación pero era la moda, según yo.

Hasta la fecha, sigo sin vestirme como en las revistas, yo si aplico lo del dicho. Puedo vestir bien, puedo vestir mal, pero siempre estoy cómoda. El 15 % de mi sueldo se va en zapatos y bolsas, un 10% en ropa y un 5% en revistas; tal vez seria famosa, tal vez no, tal vez ya hubiera muerto como Amy Winehouse, pero hubiera sido una gran diseñadora.
Lo único que puedo hacer ahora es seguir dibujando modelos que nadie usará, comprando revistas para esos momentos tristes, gastando mi dinero en las rebajas y vistiendo como todo un vagabundo, insisto, pude haber sido Galliano.